¿Qué debo hacer con las bases de datos de mis antiguos clientes?

¿Qué debo hacer con las bases de datos de mis antiguos clientes?

Durante los últimos meses, pocas personas han quedado exentas de recibir correos electrónicos con motivo de la entrada en vigor del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Aunque en apariencia las empresas emisoras de dichos correos estaban operando correctamente, lo cierto es que muchas de ellas han incurrido en un error que va a afectar, y mucho, a las bases de datos que contienen información de sus clientes.

Datos de mis antiguos clientes

Según la nueva normativa, si una empresa ya poseía la autorización explícita de un cliente para que sus datos formaran parte del archivo de la empresa en cuestión, este consentimiento era más que suficiente para poder continuar enviando mensajes sin necesidad de renovación. Es decir, sin que el cliente tuviese que pinchar en ningún link destinado a la aceptación. Lo que sí es necesario tras la llegada del RGPD, es que las empresas informen a sus clientes sobre los cambios en la política de privacidad.

El problema de muchas empresas es que, al volver a pedir el consentimiento del cliente e instigarle a que acepte seguir recibiendo información comercial y, a la vez, a continuar formando parte de la base de datos, en el caso de que el cliente en cuestión no acepte, la entidad pierde el derecho a conservar sus datos y, en consecuencia, a seguir mandándole correos.

Según se explica en la nueva normativa, es válida tanto la relación contractual como la del interés legítimo existentes entre la empresa y el cliente contraídas antes de la entrada en vigor del RGPD. Es decir, que las entidades tienen derecho a continuar manejando los datos de aquellos individuos que, en su día, explicitasen su interés en los servicios o artículos de la entidad en cuestión, y, en consecuencia, a seguir enviándoles mensajes comerciales.

No obstante, aunque una empresa posea el correo de un cliente de manera legítima, ello no significa que pueda utilizarlo para cualquier finalidad. Por ejemplo, si un transportista posee en sus archivos el correo o el teléfono de un cliente porque en su día se lo solicitó para advertir de un retraso durante la entrega de un paquete, ello no la autoriza a compartir dichos datos con terceras empresas (una aseguradora, por ejemplo) o a enviar información comercial. Es decir, que cada uso que vaya a darse a los datos proporcionados por un cliente debe recibir un tratamiento distintivo, según la finalidad con la que la información vaya a ser utilizada.

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